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MISTERIOSA. LAS HISTORIAS DE OLGA DE PAPEL
Para convertirse en adultos hay que seguir siendo un poco niños. Si no hubiese sido por la ropa, que le quedaba grande, habría parecido una niña como cualquier otra: ni alta ni baja, ni... Seguir leyendo
Para convertirse en adultos hay que seguir siendo un poco niños.
Si no hubiese sido por la ropa, que le quedaba grande, habría parecido una niña como cualquier otra: ni alta ni baja, ni delgada ni gorda, no fea y quizá hasta un poco guapa, inteligente, sí, pero no un genio; en resumen, una niña corriente. También tenía un nombre corriente, uno como tantos otros, pero todos la llamaban Misteriosa.
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